Nada nuevo bajo el sol, ninguna novedad aquí abajo en la tierra. No hay nada nuevo que reportar, ni nada novedoso que destacar dentro de los reinos egoicos en los que me encuentro viviendo. Todas las cosas, seguramente repetidas ya por mí mismo en sucesivas vidas, afloran una y otra vez acechando y marcando territorialmente su dominio sobre las esferas de mi conciencia. Nuevamente pienso más de la cuenta, y soy aquello que pienso; nuevamente las alas de la trascendencia parecen estar atrofiadas ante la omnipotencia de la persona y su sombra acechante.
Aburrido estoy de librar batallas conmigo mismo; conflictos en los que una parte de mí es rechazada y por ende reprimida; guerras que, como todas las guerras, no tienen ganador, sino sólo una serie de cadáveres, con hedor de muerte, y una postura que se alza dominadora sobre la otra… No hay ninguna victoria ahí, no hay ninguna ganancia ahí; cansado estoy de tener que resistirme a mí mismo, tener que corregirme, tener que educarme, tener que asignar especial importancia a las barreras que me escinden entre lo que acepto ser, y aquello a lo que le doy la espalda. Y seguimos sin comentar nada nuevo, seguimos sin decir ninguna novedad…
Cualquier movimiento que pretende transformar algo, cualquier intento de alejarse o sanar una condición, es un reconocimiento implícito de una batalla, de una separación entre una parte nuestra que aceptamos, y otra que a toda costa rechazamos y queremos transformar.
Yo rechazo mucho de mí; combato lo rechazado con todas mis fuerzas mentales, con mis fuerzas humanas, con mi cuerpo, con mis actos, con mi intento de controlar todas las circunstancias. Me esfuerzo en hacer efectivo el ideal, ubicuamente presente en todo acto mental, y me separo de lo concreto evadiéndome o buscando siempre en dirección a ese fantasmal espectro que plantea lo mejor de acuerdo a una imagen preestablecida, siempre negando las condiciones presentes, siempre buscando insaciablemente mejorar y asemejar la realidad al ideal, sin encontrar nunca contentamiento, pues ningún contentamiento presente es posible si las condiciones para él están siempre en un evasivo futuro.
La fuerza de mi teoría me abruma, y hasta me creo y me convenzo de lo que me digo; la maldita esperanza aflora en mí, esa esperanza que sigue con la dinámica de rechazar o negar el momento presente y su plenitud, ese movimiento que me aleja siempre del ahora, en mente y en acciones, y que me lleva a soñar ese maldito mundo mejor, que en mi caso no es una orientación de acción en ningún sentido, sino que es solamente una evasión más del dolor del momento presente, un narcótico que me hace sentir bien en el momento, pero cuyos efectos no van más allá de esconder el síntoma, esconder la sensación desagradable, para vivir un rato embriagado de inútil esperanza.
Llego muchas veces a un punto en el que francamente no sé qué hacer. Por mis propios medios ya no tengo escapatoria, y las soluciones que se me ocurren no las realizo porque escucho más al miedo y a la vergüenza que a la franqueza que al abrazamiento del propio rechazo.
Bienvenido dolor, bienvenidas tristezas; bienvenidas penas y sufrimientos que remecen y hacen nacer un intento genuino de transformar. Adelante, congoja y miseria; adelante vergüenza y sentimientos de falta de importancia. Muéstrense abiertamente, manifiéstense con todo su dolor, preséntense con todo el sufrimiento que su presencia causa a la conciencia, y permitan que su síntoma desentrañe su origen, permitan que su base indique qué pasos dar.
En un punto en el que con mis fuerzas no sé qué hacer, en un punto en que mi mente transmite incesantemente tensiones y conflictos, antagonismos internos, contradicciones y paradojas; en semejante punto de desesperanza se vuelve el corazón del hombre al cielo, arriba en las estrellas, o al cielo adentro, en la oscuridad serena de su espíritu; y sencillamente pide ayuda, pide guía, pide dirección. Pido que se me muestre lo que tengo que ver, que entienda lo que tenga que entender; transformar las vasijas de contenidos y mentales construcciones conceptuales que se amontonan y amontonan en la despensa del cerebro, en vivificadores alimentos, en combustible de cambio, en estímulo y catalizador de transformación.
Sólo pido sabiduría, guía y ayuda en este trabajo de ser humano.


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